En los últimos años, el pickleball ha pasado de ser un deporte prácticamente desconocido a convertirse en una de las actividades deportivas con mayor crecimiento a nivel mundial. Su juego combina diversión, competición, movimiento, sencillez y accesibilidad y ha conseguido atraer a personas de todas las edades, desde niños hasta adultos mayores, convirtiéndolo en una elección perfecta para practicar deporte y disfrutar del tiempo libre.
El origen del pickleball se remonta a 1965, en Bainbridge Island (Washington, Estados Unidos). Joel Pritchard, junto a sus amigos, decidió improvisar un juego para entretener a sus familias utilizando una pelota de plástico y unas palas de madera. Lo que comenzó como un juego improvisado terminó convirtiéndose en un deporte que hoy cuenta con millones de jugadores en todo el mundo.
El pickleball se crea a partir de elementos del tenis, pádel, bádminton y tenis de mesa. Se juega en una pista similar a la de bádminton, con una red más baja, utilizando una pala rígida y ovalada, y una pelota de plástico poco pesada y perforada. Este deporte puede jugarse en modalidad individual o por parejas, siendo esta última la más habitual. Sus reglas son sencillas, lo que permite que cualquier persona pueda aprender a jugar en muy poco tiempo.

Otra de sus grandes ventajas es la accesibilidad. El equipamiento necesario tiene un coste relativamente bajo y muchas pistas de tenis o pádel pueden adaptarse fácilmente para su práctica, facilitando que clubes, colegios y ayuntamientos incorporen este deporte sin realizar grandes inversiones.
Pero si hay algo que realmente distingue al pickleball es su carácter social. Es un deporte inclusivo, en el que pueden jugar juntos personas de diferentes edades y niveles de experiencia. Fomenta la comunicación, el compañerismo y la actividad física en un ambiente relajado y divertido, lo que explica por qué cada vez más familias, grupos de amigos y aficionados al deporte deciden probarlo.
Todo apunta a que el pickleball, al igual que ocurrió hace años con el pádel, ha llegado para quedarse. Son cada vez más los deportistas que apuestan por él y, en España, su crecimiento es imparable.



